
La verdad es que agosto de 2007 fue nefasto para mí en cuanto a la boca se refiere. Tuve tal infección en una muela que mi pobre dentista, como tenía previsto que naciera su hijo a finales de mes, se pasó todo agosto visitándome en la consulta una vez a la semana y llamándome a casa a ver como evolucionaba mi muela unas dos veces a la semana.
Como es de suponer, me sentí tan agradecida por ello que decidí hacerle este pequeño detalle para su hijo por lo bien que se portó conmigo ese verano. A él y a su mujer les gustó muchísimo y lo llevaban junto a su bebé a todos los lados.